viernes, 4 de noviembre de 2011

Con la muerte de Cupido dejaron de babear los hombres
Dejaron de babear y de creer
Dejaron de creer en el alma y en la eternidad de un gesto que se abandona en el andén
El hombre desde entonces fue más productivo,
Se hacía de noche y el deseo le usurpaba la noche
Sólo quedaban cuerpos anhelando el roce de otro cuerpo
Que los ocupase por un efímero tiempo
La gente empezó a despertar pensando en otras cosas
El amor ya no era un piedra en el camino
Nadie sufría por no ser correspondido
O por la lejanía de un ser querido
Cupido había muerto por fin y el mundo siguió girando
Nada se detuvo, ni los latidos, ni el viento, ni los tranvías
Sólo nos quedaba seguir viviendo de la misma manera
Sin sentido, sin amor
Con el vacío de aquello que nunca esperamos que regrese
Sabiendo que es mejor
Que sólo fue un  hermoso peso sobre la espalda.

EL MUERTO

Hoy he muerto mientras me miraba sereno
Tendido sobre la acera
Mi boca entreabierta con un grito atragantado
Mis ojos congelados no me decían nada
Un velo de luto les cubría la expresión
Hoy me vi muerto y solo sobre en andén
Los transeúntes, curiosos, pasaban la lengua y los ojos sobre mi cara
Una música fúnebre se escuchaba a lo lejos
Olía a muerto en la ropa de la gente
Olía a azufre en la yema de los dedos
Hoy he muerto otra vez, como tantas veces
Por culpa de un deseo incontrolable de vivir
Con la sinceridad del aire puro y los matorrales secos
Hoy he muerto y estoy de duelo
Mi cadáver reclama un sepulcro
Donde quepan todas mis letras
Donde sean vecinos todos mis sueños.